VII. Volver, volver…

VII. Volver, volver…

«He leído muchas veces sus últimos relatos. He pensado mucho antes de escribir estas líneas. Mi condición de pastor de la iglesia pentecostal supone o, mejor dicho, podría suponer un impedimento para hablar sin tapujos de los temas que usted aborda, pero creo...
VI. Perfume de naranja

VI. Perfume de naranja

Cuando pasó lo de Marianito creí que me moría con él. El pecho me dolía como si se me hubiera sentado un elefante encima, y la cabeza me explotaba de tal forma que no podía ni siquiera abrir los ojos. Una tristeza tan, pero tan profunda… Entonces comprendí que la...
V. El fin del miedo a la muerte

V. El fin del miedo a la muerte

Me encuentro aquí, de nuevo, frente a las escalinatas del Hospital Pirovano en la ciudad de Buenos Aires. Viajé desde mi ciudad para contarles esta historia desde este preciso lugar. Mi increíble historia. Soy consciente que muchos lectores de esta columna van a creer...
IV. El pajarero de Curicó

IV. El pajarero de Curicó

Solo, a la intemperie, Evaristo agoniza en la montaña. ¿Quién limpiará las jaulas? ¿Quién cambiará el agua y dará de comer a sus joyas emplumadas? Piensa Evaristo, agonizando en la montaña. En Curicó todos, alguna vez, le compraron jaulas con aves de plumas...